Las pasadas celebraciones de Navidad han dejado una realidad difícil de ignorar en Lanzarote: el uso desmedido de pirotecnia ruidosa fue, para muchas personas, sencillamente insoportable. Durante días y a cualquier hora, los petardos y explosiones alteraron el descanso, la convivencia y la tranquilidad de barrios enteros. Lo que debía ser un tiempo de encuentro y celebración se convirtió, para demasiadas familias, en una fuente constante de estrés y preocupación.
Este problema no puede seguir tratándose como una molestia menor. El ruido impulsivo afecta de manera grave a personas con sensibilidad auditiva, a menores, a personas mayores y a quienes conviven con trastornos del espectro autista. Y tiene, además, un impacto especialmente duro sobre los animales domésticos y la fauna silvestre, provocando pánico, desorientación, accidentes y, en algunos casos, consecuencias irreversibles. Las últimas Navidades han evidenciado que el modelo actual no funciona.
La preocupación es compartida más allá de nuestras fronteras. En países como Alemania o los Países Bajos, tras graves incidentes ocurridos durante celebraciones recientes, se está debatiendo seriamente la eliminación de la pirotecnia privada a nivel nacional. Allí se ha entendido que el riesgo para la seguridad, la salud y la convivencia supera cualquier argumento a favor de su uso indiscriminado.
También en España existen ejemplos claros de que otro camino es posible. Ciudades como Málaga, Cádiz, Vitoria-Gasteiz o Vigo han limitado la pirotecnia ruidosa y han apostado por alternativas más seguras e inclusivas, demostrando que la fiesta no desaparece cuando se reduce el ruido, sino que se adapta a una sociedad más consciente.
Precisamente por lo vivido estas últimas Navidades, llevaré al pleno del Cabildo de Lanzarote, desde el Grupo Mixto, una moción para regular y limitar la pirotecnia con ruido en la isla, una iniciativa que nace con vocación de consenso y responsabilidad compartida. Para ello, en breve vamos a contratar los servicios jurídicos necesarios que preparen un informe técnico y legal que permita estudiar con detalle el encaje normativo de esta medida, tanto en Lanzarote como en La Graciosa. Espero contar con el mayor respaldo posible de los diferentes grupos políticos, porque esta no es una cuestión ideológica, sino de convivencia, bienestar animal y calidad de vida. Celebrar sin hacer daño no es una renuncia; es una responsabilidad colectiva.
Armando Santana


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