Hay voces que informan.
Hay voces que entretienen.
Y hay voces que forman parte de la infancia de los pueblos.
Hablar de Francisco José Navarro es hablar de recuerdos. De esos que huelen a verano, a noches largas y a aceras tibias después de un día entero de sol en Lanzarote. Y en eso quiero centrarme, en lo que significó Francisco José Navarro para los que viviamos aquí en aquella época.
Muchos fuimos chinijos cuando, al caer la noche, en las casas se abrían puertas y ventanas, y las familias salíamos a sentarnos en la acera. Allí, bajo el cielo estrellado de la isla, la radio ocupaba el centro de todo. Y entonces tras la correspondiente cabecera de aquel programa, sonaba su voz detrás del transistor (no es broma, hace unos días fui a comprar uno en un Centro Comercial de Arrecife y los chicos que me atendieron no sabían que les estaba pidiendo)
Aquellas noches de verano Lanzarote tenía banda sonora. La música que él presentaba nos llevaba lejos, más allá de nuestro barrio, más allá de la propia isla. Era el programa “Lanzarote va de Ronda”.
Soñábamos con artistas que parecían vivir en un mundo inmenso, gente de otra galaxia, pero Francisco José Navarro con aquella magia que tenía la radio, nos ofrecía todas las noches la posibilidad de estar al lado de ellos, casi de poderlos tocar, cada vez que sonaba el vinilo. Y todo nos llegaba a través de una voz cercana, cálida, que sabía contar, que sabía acompañar.
No era solo un locutor. Era el hilo que conectaba nuestra imaginación con el mundo.
Mientras los mayores comentaban el día y los chinijos jugábamos alrededor, su voz marcaba el ritmo de aquellos momentos. Aprendimos canciones, descubrimos artistas y, sin saberlo, conocimos también el valor de la palabra bien dicha, del respeto por el oyente y del amor por la comunicación.
Han pasado décadas desde aquellas aceras llenas de vida, pero cuando pensamos en ellas, inevitablemente vuelve su voz.
Cincuenta años de profesión no se miden solo en programas emitidos. Se miden en recuerdos creados. En generaciones que crecieron escuchándolo. En veranos que aún hoy siguen sonando en nuestra memoria.
Francisco José Navarro no solo ha sido un locutor y presentador querido, respetado y admirado en Lanzarote. Ha sido parte de nuestra historia cotidiana. De nuestra memoria colectiva. De nuestra manera de vivir la radio.
Hoy, al celebrar sus 50 años en la profesión, no celebramos únicamente una trayectoria ejemplar. Celebramos todo lo que nos hizo sentir. Celebramos que, gracias a él, muchos aprendimos que una voz puede hacernos viajar sin movernos de la acera.
Francisco, gracias por aquellas noches.
Gracias por enseñarnos a soñar.
Porque algunas voces no se olvidan.
Se convierten en memoria.


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