La sigo viendo cada día

Hace más de un año que mi madre falleció.

Sin embargo, sigo viéndola cada día.

La veo en la sonrisa de una mujer que se cruza conmigo por la calle. En la forma de mirar de alguien desconocido. En un gesto sencillo, en una palabra amable, en una expresión que durante un instante me devuelve a ella.

No es que confunda a esas personas con mi madre. Es que quienes amamos de verdad dejan una huella tan profunda que aprendemos a reconocerlos en los pequeños detalles de la vida.

Al principio pensé que era nostalgia. Hoy creo que es amor. Un amor que no desaparece con la muerte, sino que encuentra nuevas formas de permanecer.

Hay días en los que esos parecidos me arrancan una sonrisa. Otros, me llenan de melancolía y me pongo a llorar sin motivo.

Pero siempre me recuerdan algo importante: que las personas que han marcado nuestra vida nunca se van.

Porque mientras sigamos recordando su voz, sus enseñanzas y la forma en que nos hicieron sentir, seguirán caminando a nuestro lado de alguna manera.

Y yo, un año después, sigo encontrando a mi madre en muchos rostros. Quizás porque el amor verdadero tiene la extraña capacidad de quedarse para siempre.

En memoria de todas las madres que siguen viviendo en el corazón de sus hijos.

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