Saltamos este domingo a Gran Canaria con un objetivo claro : conocer El Molino Quemado de Mogán y así poder probar de una vez por todas, esa oferta gastronómica de producto km0 que habíamos descubierto hace algunos meses en la red social.

El Molino Quemado de Mogán abre de martes a domingo de 9:00 a 15:00, con una apuesta clara: producto de proximidad. La joya de la corona es un increíble brunch servido de una vez, en una enorme bandeja de madera, la que reúne zumo natural de mango de Mogán, café o infusión, leche con gofio, quesos de la isla, aguacate de Mogán, chorizo de Teror, mermelada casera, jamón serrano con tomate de La Aldea y pan elaborado en horno de leña de Tasarte. Para terminar, fruta de temporada de la zona, bizcochos y bollería tradicional de Gran Canaria.

Lo que más admiro y pongo en valor del Molino Quemado de Mogán , es que el concepto de kilómetro cero no es una etiqueta de moda. El producto de la tierra se identifica claramente en los sabores y en una selección de ingredientes que cuentan de alguna manera con minucioso relato, la historia gastronómica de la isla de Gran Canaria.
¿Cansado de tantas propuestas gastronómicas, que buscan sorprender con técnicas y presentaciones cada vez más sofisticadas olvidándose de lo verdaderamente importante? en El Molino Quemado de Mogán, este no es el caso. Aquí si valoran el producto.
Admirable encontrar un lugar , en el que, con orgullo, María José presenta su producto a cada cliente que llega, dejando que solo hablen los aromas , sabores y texturas.
Además, la carta ofrece diferentes enyesques y platos para compartir, desde papas arrugadas con mojo y tabla de quesos canarios hasta croquetas de atún moganero, churros de pescado, morcilla dulce de Teror o una hamburguesa de Angus con queso ahumado, mermelada de mango y batata canaria.
Se me olvidaba , el brunch cuesta 22 euros por persona, mínimo dos pax, e incluye la entrada al molino, con IGIC incluido, ¿estará de acuerdo conmigo que es un regalo ?

Pero créame , más allá del precio, lo que realmente me llevo de este lugar, es la sensación de haber conocido un pequeño pedazo de Gran Canaria a través de su gastronomía.
El Molino Quemado nos recuerda que para disfrutar de una buena experiencia gastronómica no siempre hacen falta grandes artificios y parafernalias. A veces basta con buen producto, tradición y un lugar con historia.
Y sí: pronto volveré a visitarles.


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